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HOMENATGE A ANTONI BENAIGES A BAÑUELOS (BURGOS)

Redacció

20-07-2021

El passat diumenge dia 18 es va fer un homenatge al mont-rogenc Antoni Benaiges  Nogués, a Bañuelos de Bureba, el poble on va fer de mestre del 1934 al 1936. Fa 85 anys que el varen assassinar. Tenia 33 anys[1].

Juan Antonio Abella[2], que fou metge de Bañuelos del 1979 al 1983 és autor del molt interessant llibre Aquel mar que nunca vimos[3] (Ediciones Valnera, 2020) que relata aquells anys de Benaiges a Bañuelos i ens ha enviat una crònica de l’acte.

CRÓNICA SENTIMENTAL DE UN HOMENAJE NECESARIO

Castigaba el sol en Bañuelos, un domingo caluroso del verano mesetario. Es probable que lo mismo sucediera el 19 de julio de 1936, que también era domingo. Aun así, en la calle, frente a la Escuela donde impartió sus lecciones de vida Antoni Benaiges, más de medio centenar de personas atendía en silencio al sonido que le llegaba por las ventanas abiertas. Escribo Escuela con mayúscula, como lo hacía siempre el maestro de Mont-roig. En el interior, las restricciones de la pandemia habían hecho imposible colocar más de cuarenta sillas, y eran muchas las personas que debían y querían intervenir en el homenaje a un maestro ejemplar y a un hombre extraordinario.

Ochenta y cinco años antes, ese 19 de julio, el maestro Antoni Benaiges era detenido en la ciudad de Briviesca. Se le golpeó brutalmente, se le paseó semidesnudo en una camioneta descubierta para escarnio y advertencia, se le encerró en la cárcel del partido judicial junto a muchos de sus compañeros de la Casa del Pueblo y de la Agrupación Republicana de Briviesca y, al anochecer de ese mismo día, fue liberado de su encierro para ser asesinado en un cruce de caminos. “Sangraba por todos los sitios”, dijo a su familia uno de los compañeros encarcelados, Rafael Martínez Moro, cuando fue visitado en la mañana del día 20 de julio por su esposa y por su hijo de 13 años, que también se llamaba Rafael. (Años más tarde, ese hijo dejará un testimonio escrito de aquellas jornadas terribles, y una copia de las páginas que hablan del maestro de Bañuelos quedará en su cenotafio.)

Luego vinieron décadas de silencio. El miedo cerraba las bocas y hubieron de pasar más de setenta años para que, en febrero de 2010, un archivero destinado en Salamanca publicara en el Boletín de la Institución Fernán González, con sede en Burgos, un artículo que habla de la vida y de la muerte de Antoni Benaiges. El archivero era y es Ignacio Soriano, una de las primeras personas que intervendrán en el homenaje. Le ha precedido en la palabra Jesús Herrán, escritor y editor que llega de Cantabria para dirigir el acto. Con palabras breves y precisas marca las líneas generales que le guiarán: el cuerpo de Benaiges nunca fue encontrado, pero el pueblo de Bañuelos quiere inaugurar este día un cenotafio a su memoria. En un pequeño arcón decorado con primor por Reyes Fernández, vecina de Bañuelos, se irán depositando escritos, fotografías, dibujos infantiles y otros objetos que recuerdan lo que de Benaiges queda entre nosotros, que es mucho: su compromiso con la educación y la cultura, su calidad intelectual y humana, la fuerza de su espíritu. A cada uno de los intervinientes le irá entregando una rosa roja cuando finalice sus palabras. Hay sobre la mesa treinta y tres rosas, como treinta y tres eran los años del maestro cuando fue asesinado. Tras un silencio expectante, la cantante Ana Herrán encandila al auditorio por la sensibilidad y emoción con que interpreta una canción de Ramón Sauló, acompañada a la guitarra por Joseba Cuadrado:

Lejos queda el mar,

debe ser ancho y largo el mar.

Lejos queda el mar,

se siente solo, yo lo he visto llorar.

También a ella le entran ganas de llorar según desgrana las estrofas de esta canción, que se resiste a dejar el oído de cuantos la escuchamos en la Escuela y fuera de la Escuela (la repetirá al final del acto, con el estribillo en catalán). Emocionado está también el alcalde de Bañuelos, José María Díez García, nieto de Severino y sobrino nieto de Eladio, alumnos ambos del maestro de Mont-roig. Eladio es el último de sus alumnos que aún queda con vida. Estaba previsto que acudiera al homenaje a su maestro, pero su avanzada edad y el temor a la pandemia desaconsejan el encuentro con tantísimas personas que desearían conocerle. Aun así, estará presente en la voz de Nadir, un niño de siete años, la misma edad que tenía Eladio cuando escribió el texto que Nadir lee con toda la poesía de la inocencia:  El mar será bastante ancho y largo. Será muy hondo. En el mar se criarán zapateros (peces). Otra niña, Yara, leerá luego un cuento que Antoni Benaiges decide incluir en Folklore burgalés, última de las publicaciones que saldría de la imprenta escolar en julio de 1936. Lo escribió una niña llamada Lucía Carranza y comienza diciendo: Un hombre tenía un garbanzo y fue “ande” una mujer: ―Señora, ¿me cuida este garbanzo? El presentador ha recordado que doce años era la edad en que los niños y las niñas, pero sobre todo las niñas, debían dejar la Escuela para dedicarse a las tareas domésticas.

Le ha escuchado con atención la alcaldesa de Camargo, Esther Bolado, que admiraba con una sonrisa los dibujos que Yara y Nadir han depositado en la caja del maestro, y que minutos antes había hablado del valor de la enseñanza y recordado la importancia de mantener la memoria histórica para no repetir nunca los errores del pasado. También con atención y una sonrisa escuchaba Jesús Viadas las peripecias del garbanzo. Jesús Viadas es vecino de Bañuelos y también él ha intervenido para recordar cómo se reavivó el recuerdo de Benaiges en el pueblo cuando, setenta años después de ser tomada, su tío Antonio García le mostró una fotografía en la que él y otros dieciséis niños y niñas aparecen junto al maestro. Depositará en la caja destinada al cenotafio una copia de esa foto y los cuadernillos editados por la Asociación Escuela Benaiges.

Todas las intervenciones son breves y emotivas. Son muchas las personas que han colaborado para que la memoria de Antoni Benaiges siga viva, y así lo dice Enric Aragonés Jové, hijo de un sobrino nieto del maestro. Ha llegado con sus padres desde Cataluña y muestra su gratitud a todas esas personas y al pueblo de Bañuelos en general, que también es ya un poco nuestro pueblo. Como símbolo del reencuentro entre dos tierras ha traído algarrobas de Mont-roig y unas pequeñas piedras de su playa, como aquellos guijarros humildes que cantara el poeta León Felipe.

De Cataluña llegan también las palabras que lee luego otra vecina de Bañuelos, Ascensión Rojas. Quien las ha escrito no puede acudir por una reciente intervención quirúrgica. Se trata de Josep Miquel Martí Rom, quien publicó en Ressò mont-rogenc ocho artículos consecutivos que ahondaban en la vida de Benaiges como nadie lo había hecho hasta ese momento. Era el año 2010 y su estudio fue clave para muchas investigaciones posteriores. Una copia de tales artículos quedará en el cenotafio de Bañuelos. Dos curiosidades: en la casa donde vive Ascensión Rojas vivió a pensión el maestro de Mont-roig cuando llegó a Bañuelos de Bureba, y la carta de Martí Rom termina con un ¡Visca Benaiges! ¡Viva Bañuelos!

Interviene a continuación Francesc Escribano: profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona, periodista, productor de cine, escritor y autor principal de la obra El maestro que prometió el mar. Nos habla de cómo conoció esta historia, de las dificultades iniciales para abordarla y de la película de igual título en la que está embarcado ahora, cuyo guion provisional quedará en el cenotafio junto a un ejemplar de su libro.

Es el momento de que yo suba al estrado. Varios de quienes me han precedido han mencionado Aquel mar que nunca vimos, la obra en que trabajé a lo largo de tres años y con la que me quise quitar la espina del silencio que envolvía la figura de Benaiges cuando fui médico en Bañuelos, hace ya cuarenta años. Por eso no hablo de ella y me limito a leer un texto que asimismo vio la luz en julio de 1936, último de los publicados por el maestro en la prestigiosa revista Escuelas de España. También esta revista moriría en ese mes de julio. Es un texto precioso que da muestra de la calidad como escritor que tenía el maestro, y así lo hago constar cuando dejo en la caja mi libro y el ejemplar de la revista.

Ya estamos terminando. Enrique Pérez Simón, maestro freinetista de Cantabria, nos habla sobre la calidad técnica que tenían las publicaciones salidas de la Escuela nacional mixta de Bañuelos de Bureba. Y sabe bien de lo que habla porque ha dedicado toda su vida a educar mediante esa técnica. Como muestra, deja para el cenotafio uno de los cuadernitos editados en su Escuela, el último que le quedaba porque su extenso fondo documental acaba de ser donado a la Universidad de Cantabria.

María Jesús Barcina toma ahora la palabra, en nombre de la Asociación de familiares de personas asesinadas en los montes de la Pedraja. Es presentada como una luchadora infatigable en la recuperación de la memoria histórica, algo que puedo corroborar por lo mucho que me ayudó a elaborar la lista de burebanos asesinados en la represión escalofriante de la Guerra Civil, que decidí incluir en Aquel mar que nunca vimos. Dejará para el cenotafio una copia actualizada de esa lista, como recuerdo de las muchas personas que compartieron el trágico final de Antoni Benaiges.

Y llega el momento de cerrar el acto en la Escuela para dirigirnos al cementerio de Bañuelos. Se encarga de ello Javier González Molero, secretario de la Asociación, que siempre ayuda en todo y que casi se dejó la vida en un terrible accidente mientras trabajaba de modo voluntario en la recuperación de la Escuela. Aunque de forma menos literal, mucha gente ha dejado parte de su vida para que Antoni Benaiges, como tantos otros españoles asesinados al borde de una cuneta o de una fosa, no sufra una doble muerte: primero la de las balas, después la del olvido. Entre esas personas están Alberto Bougleux, Sergi Bernal y Sebastián Gertrúdix, cuyos trabajos documentales, fotográficos y literarios son depositados por Javier en la caja que, poco después, ocupará su sitio en el cenotafio de Antoni Benaiges.

Ha llegado por fin ese momento. Jesús Viadas y Esther Bolado toman la caja y se dirigen al cementerio de Bañuelos. Un centenar de personas les sigue por la calle cuesta arriba y asolada. El nicho está situado sobre el de Eúbulo, un niño tímido al que todos llamaban Buly y al que Benaiges tenía un cariño especial. Se deposita la caja y Alberto Viadas va levantando la pared de ladrillo bajo un sol de plomo. Jesús Herrán lee mientras tanto un conmovedor y muy profundo texto del maestro, publicado en La Voz de la Bureba en enero de 1936. Es un largo artículo titulado VIVIR, lo que aún hace más intensa su lectura en un cementerio. Entre otras cosas dice:

Los grandes hombres han de serlo íntegramente, en idea, en sentimiento y en conducta. Sobre todo en conducta, que es el índice que nos da a conocer y hace posible la convivencia. (…) Dos preguntas que nos inquieten: ¿Qué soy yo de mí para dentro, como entidad personal? ¿Qué soy yo de mí para fuera, como parte de una entidad colectiva? El «yo» y el «tú». En definitiva, el «yo» solamente. Cuando cada «yo» sea una ética, que será un vivir y una conducta, la sociedad podrá alardear de culta y civilizada. Acariciemos una palabra: Luz. Huyamos de otra, hecha sistema por quienes viven al amparo de ella: obscurantismo.

Finalmente se cierra el cenotafio con una lápida. Para mí es un momento muy significativo, como lo es para el centenar de personas que asiste al acto bajo un sol inclemente. Se trata de una lápida roja, como la que había imaginado al final de Aquel mar que nunca vimos. La decoran dos de los dibujos que los niños y niñas del maestro publicaron en sus revistillas: una paloma con una ramita de olivo en su pico, una salida del sol sobre el horizonte del mar. Están grabados sobre la piedra roja y son de color dorado, como el texto que dice:

ANTONI BENAIGES NOGUÉS

MAESTRO DE NUESTRA ESCUELA

Nos dejó ser niños antes de ser

hombres, nos enseñó el valor de

la palabra, nos prometió el mar.

MONT-ROIG DEL CAMP, 26-6-1903

LA BUREBA, 19-7-1936

Tiemblan en las manos de los asistentes las treinta y tres rosas rojas que recuerdan los treinta y tres años que tenía el maestro. Una a una, serán dejadas en el suelo, al pie del cenotafio. También un ramo traído por la Agrupación Socialista de Briviesca. Todas languidecen bajo el sol de julio. Aún resuenan en mi oído las palabras leídas por Jesús Herrán, y me vienen de improviso a la memoria otras escritas por Benaiges en los momentos más pletóricos de su magisterio en Bañuelos de Bureba: Veo claro, claro, cómo me voy haciendo luz en los cerebros de cada uno de estos chiquillos y chiquillas, y me hago luz también en el pueblo, y abrigo la esperanza de que un día, por la obra de un Maestro de Escuela, platee y reluzca como un ascua, capaz de iluminar… qué sé yo, a medio mundo, al mundo entero.

Languidecen las rosas, pero no las palabras. Quizá la vida negó a los alumnos de Benaiges el horizonte abierto de otro mundo posible, simbolizado por el mar que no pudo mostrarles. Pero les enseñó el valor de las palabras que son más que palabras. Y les enseñó también que la verdad, como las semillas, acaba germinando aunque se entierre.

Hi afegim l’escrit que, des de Mont-roig, va enviar Martí Rom i que, tal com esmenta Juan Antonio Abella, es va llegir en aquest acte d’homenatge.

UNAS PALABRAS DESDE MONT-ROIG. UNOS MOMENTOS

El 10 de abril de 2010 al terminar la presentación de un libro mío que recogía episodios de la historia de Mont-roig, en la que había reivindicado la importancia de la memoria oral, se me acercó Jaume Roigé Benaiges, amigo de mis padres, y me comentó que me podía contar una historia familiar que hasta entonces había permanecido oculta. Era la de su tío Antoni Benaiges Nogués. Ahí empezó mi investigación sobre el maestro de Mont-roig asesinado el 1936; tuve la ayuda del mismo Jaume Roigé Benaiges, su prima Elisa Benaiges y su hijo Jaume Aragonès Benaiges. Concluyó en un largo texto publicado en 8 capítulos en la revista “Ressò mont-rogenc”, desde el cuarto trimestre de 2010 hasta el tercero de 2012. Fue el primer trabajo relevante sobre Benaiges.

El 15 de septiembre de 2011 visité Bañuelos de Bureba. Recorrí las calles hasta encontrarme con Jesús Viadas García, que muy amablemente me acompañó a visitar la escuela. Fueron unos momentos muy intensos.

Otro momento importante fue conocer a José Antonio Abella, primero por correo electrónico (febrero de 2018) y luego cuando vino a Mont-roig (el 21 y 22 de abril del mismo año). Recorrimos los lugares impregnados de Benaiges i vimos a algunos de sus familiares. Quería saber y conocer directamente todo lo relativo a Benaiges. Me comentó que había sido médico en Bañuelos y ahora se disponía a escribir una novela sobre el maestro asesinado. Me dejó un libro suyo anterior, “La sonrisa robada”, del 2013. Leyéndolo tuve la seguridad que su nuevo libro seria también relevante. Y, así fue.

El último momento importante, este homenaje en Bañuelos, lo viviré vicariamente mediante José Antonio Abella. Un problema de salud, en fase de próxima recuperación, me lo impide.

¡Visca Benaiges!

¡Viva Bañuelos!


[1] Sobre Antoni Benaiges Nogués vegeu el text “Antoni Benaiges Nogués: un mestre mont-rogenc assassinat el 1936” del llibre “Mont-roig: esberles d’un mosaic esbocinat” de Martí Rom (Arola Editors, 2019), de la pàg. 317 a la 364.

[2] Juan Antonio Abella amb la seva dona Maria Jesús varen venir a Mont-roig els dies 21 i 22 d’abril de 2018 per conèixer l’entorn on va néixer i viure Benaiges i entrevistar-se amb els seus familiars.

[3] Vegeu el text “Un valuós llibre sobre Antoni Benaiges, el mestre mont-rogenc assassinat el 1936” publicat al web de “Ressò mont-rogenc” el 16-12-2020.

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